Museo de anclas de Salinas.

El otoño es una época ideal para pasear, ya sea por el bosque, o bien junto al mar, y de paso hacer alguna visita curiosa como la que podemos realizar al museo de anclas de Salinas, inaugurado el 30 de septiembre de 1993

entrada carabelas

Cerrando la bahía de la playa de Salinas, a la izquierda se alza el promontorio de la peñona, en el que se asienta este museo al aire libre que alberga un total de 15 anclas donadas por distintas instituciones, entre las que podremos encontrar anclas pequeñas, como la del Fortuna, a otras de dimensiones colosales como la del Mar Egeo.

paseo en el museo de anclas

Podemos llegar al museo caminando desde la playa, ya que hay acera hasta allí, pero si llegamos en coche, unos metros más allá de la entrada al museo, justo antes del túnel que lleva a Arnao tienes un pequeño aparcamiento para dejar el coche ¡ojo al cruzar!

entrada museo anclas philippe cousteau

La entrada simula una gran ola y nada más pasarla, tienes una tabla de surf para sacarte una foto surcando las olas, aunque nosotros no pudimos hacerlo porque la están arreglando. A la gente menuda le hará mucha gracia.

ancha junto al mar en salinas

A partir de aquí, vamos recorriendo un paseo que deja a la nuestra izquierda las anclas y el mar y salinas a nuestra derecha, hasta llegar al pie del mirador, en el que encontraremos una pequeña explanada con la estatua de un hondero balear y un libro, que en su día se concibió como banco para mirar al mar. Se trata de un homenaje a la obra “José”, escrita por Armando Palacio Valdés y ambientada en un pueblo marinero asturiano sin determinar, aunque actualmente su estado es tan lamentable que por desgracia a duras penas recuerda a un libro, que en su origen hasta tuvo color en la portada.

vista general museo anclas desde mirador
Desde esta explanada sale un empinado puente sobre el mar que nos lleva al mirador desde el que tenemos las vistas más espectaculares del museo y que es a todas luces lugar preferido por muchas parejas para manifestarse su amor.

candados museo anclas de salinas

Frente al mirador, sobre una piedra lisa y pendiente (ya me hubiese gustado ver la instalación seguro que fue un espectáculo) se encuentra la estatua de Philippe Cousteau, a quien está dedicado el museo en homenaje a su vida, dedicada al mar, como hijo que era de Jacques Cousteau, y que falleció en un accidente de hidroavión en el Tajo a finales de los años 70.

busto philippe cousteau

El regreso lo hacemos por la parte superior del museo, donde se ubican las 6 anclas de mayores dimensiones, cada una de ellas acompañadas de un panel metálico que me recordó mucho a los móviles del viento de Cesar Manrique, por lo que investigué un poco y supe que fueron concebidos por Luis Castillo Arenal, premio Europa Nostra de arquitectura, y que representan velas. Originalmente estaban construidas en vidrio, pero la falta de escrupulos de algunas personas y sus comportamientos vandálicos hicieron que se sustituyeran por otras metálicas. Particularmente esta zona me encantó me parece sin duda la más singular del museo y la más llamativa por su disposición y por el tamaño de las anclas, claro está.

velas y anclas en salinas

Por último en el centro del museo tenemos otro mirador, redondo que contiene una rosa de los vientos a la que miran las gradas sobre las que se alzan las velas y anclas de las que acabo de hablar.

templo de los oceanos

Si consultamos la web del museo sabremos que este mirador fue un añadido posterior a la creación del museo, y forma el templo de los océanos, siendo el lugar en el que a mediados de los años 90 del pasado siglo se realizó la simbólica unión de las aguas de los diferentes océanos del mundo, portadas desde distintos puntos en vasijas que hoy reposan en la Casa de Colonias, sede de la Cofradía de la Buena Mesa de la Mar.

vista del mirador y busto en museo anclas salinas

La verdad que la visita no pasa de ser algo curioso, que a algunas personas quizá llame más la atención por las vistas o el empinado puente que lleva al mirador, ya que la gran mayoría de la población somos profana en estos menesteres… a no ser que te la prepares antes, sobre todo si vas con peques. Yo reconozco que no lo hice, tampoco teníamos pensado acabar allí, pero si te pasas por la web del museo, podrás conocer la historia de cada uno de los barcos a los que perteneció el ancla, y contarla casi como cuentos, porque a los niños y niñas les llamarán la atención las anclas por poco habituales, pero si las contextualizas y les das un significado, la visita será algo especial.

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