Copito de Nieve, la película, estrenada en Gijón.

Supongo que Julio Fernández, productor de la película Copito de Nieve, estaría muy contento ayer cuando en plena película el público aplaudió más de una vez las peripecias de Copito de Nieve y sus amigos.
Personalmente puedo deciros que al menos una vez al año, desde que tengo uso de razón, voy a ver una película infantil, generlamente de dibujos animados, pero hacía años que no oía aplausos como lo hice ayer en el estreno de Copito de Nieve, casi un mes antes de su estreno comercial y dentro del Festival Internacional de Cine de Gijón.

A las cuatro y media de la tarde se abrieron las puertas del cine, para una película que empezaba a las cinco, y en sesión sin numerar así que desde el primer momento la gente comenzó a entrar. Seguro que no fui la única que me pregunté a ver que tal esta media horita sentados en el teatro… Pero resultó que teníamos compañía. De repente, alguien gritó en el patio de butacas “¡Copito, Copito! ¿Habeis visto a Copito?” nadie lo había visto, pero derepetne, desde el proscenio, Copito saludo. Andubo arriba y abajo e incluso se dejó ver en el hall del teatro, pero la amiga que lo buscaba tuvo que recurrir, rayando las cinco a un conjuro para que Copito apareciera.

Así, con ayuda del público y de unas caretas que teníamos en cada butaca, Copito subió al escenario y con Julio Fernández dieron paso a la película, que nos pidieron recomendar si nos gustaba. Y en mi opinión Copito de Nieve, la película, merece la pena.
No es una película para edades muy tempranas. A mi peque de tres años hubo momentos que lo asustó un poco, lo mismo que a los de algunas amigas que me encontré en el estreno, pero ya sabéis que esto va en función de cada cual. Si es verdad, que el resto de la película, le gustó mucho, los animales son muy simpáticos y la trama es sencilla, con un hilo claro y contado de forma lineal, sin muchos saltos en el tiempo o a tramas paralelas lo que la hace muy adecuada para público infantil.
Copito de Nieve quiere ser aceptado a su llegada al Zoo de Barcelona en 1966. Pero no lo va a tener fácil, porque el color blanco de su pelaje no es admitido por los gorilas negros. Así que junto a Ailur, un panda rojo emprende una gran aventura para que una bruja le ayude a cambiar su color. En el camino tendrán que enfrentarse al mayor gafe del mundo que lo quiere como amuleto, y contarán con la ayuda de un niño y una niña que se arriesgarán para que Copito reflexione.
Técnciamente, salta a la vista lo bien que está hecha la combinación de imagen real y animada, que se reduce a 5 personajes, y están perfectamente integrados con los escenarios, y resto de personajes de carne y hueso, incluso cuando se tocan. En realidad son como peluches que han cobrado vida.
Además, tiene un claro mensaje a cerca del respeto a la diferencia, la auto aceptación y la aceptación por parte de los y las demás personas (o animales). La fuerza y el valor de la amistad, la tenacidad y la determinación por aquello en lo que creemos también están presentes como parte del mensaje de la película, lo cual también se comentaba a la salida.
En este sentido, os recomiendo la Guía Didáctica que podemos encontrar en la web del Festival Internacional de Cine de Gijón o de la película y que además de tratar sobre el respeto a la diferencia toca la imagen de Copito de Nieve  y la situación de los gorilas, en peligro de extinción.
Por tanto, es una película para disfrutar en familia, para reflexionar sobre el respeto a a los y las demás independientemente de su situación o asepecto y como no, para pasar un rato divertido. Y si queréis prolongar la diversión, en la web de la película, podréis encontrar materiales para descargar, jugar un rato con Copito o escuchar la canción cantada por Gisela. También os servirá para abrir boca, hasta el estreno de  Copito de Nieve, el 23 de diciembre. ¡Y también podéis seguir a Copito en Facebook!
 
Imágenes promocionales cedidas por Filmax.
Anuncios