Aspectos educativos de un huerto.

El otro día traté el tema de los huertos de ocio, que se están poniendo en marcha en Oviedo y quedó pendiente hablar sobre lo que puede aportar a la educación de niños y niñas, lo que además seguro que supone un empujoncito más para decidirnos a ponernos manos a la obra.
Resulta evidente que trabajando en un huerto un niño o una niña podrá observar de cerca cómo crecen los vegetales, como se desarrollan desde que son una semilla hasta que se pueden recolectar y aprenderá como cultivarlos, es decir que tipo de abonos se pueden y deben utilizar, que son los elementos químicos y el abono natural, etc.

Es por tanto muy beneficioso desde el punto de vista de la educación medioambiental, tendrán que acostumbrarse a utilizar el agua de forma razonable, podéis escoger qué cultivar dependiendo de la estación, se pueden reciclar los residuos orgánicos de la familia para hacer compost…

Por otra parte, el responsabilizarles de una determinada zona o determinados vegetales, ayudará a fomentar su responsabilidad al tener que cuidar esa parte específica, su pequeño huerto, su autonomía al tomar decisiones, su madurez asumiendo sus limitaciones y pidiendo ayuda o consejo cuando lo necesite, respetando a otras personas que tienen sus huertos haciendo lo necesario por no invadir sus terrenos o compartir el agua, y por supuesto su autoestima cuando pueda recolectar y comerse aquello que ha cultivado por si mismo o sí misma.
En caso de no poder dedicarles un trocito de huerto, siempre podemos tratarles de igual a igual, hacerles partícipes de las decisiones, consensuarlas, pedirles su opinión, siempre razonando y negociando para que no solo planten fresas, claro está; dando explicaciones y aclarando lo que no entiendan.
Desde el punto de vista nutricional, también tiene sus ventajas, ya que podemos aprovechar para estimularles a probar aquello que cultivan, introduciendo verduras y hortalizas en su alimentación de forma más sencilla. Si a esto le añadimos la posibilidad de animarles a buscar distintas recetas, sencillas y prepararlas con ellos y ellas podremos sacar aún un mayor rendimiento de lo recolectado.
Pero lo más importante, será compartir el tiempo con su padre, su madre, su abuelo, su abuela… prestarles nuestra atención, nuestro cariño, dedicarles y compartir con ellos y ellas nuestro tiempo, será un refuerzo estupendo e invalorable para su educación.
En definitiva, un huerto puede ser una experiencia de ocio familiar ideal para compartir el tiempo, aprender un montón de cosas y formarse como personas. Merece la pena pensarlo. Pero tened en cuenta que el huerto supone una responsabilidad para toda la familia, especialmente para las personas adultas. Para niños y niños debe ser una diversión y al igual que ocurre con otras actividades, debemos hacer que sea placentera, que no la consideren como una aburrida obligación o carga, ya que todas las ventajas descritas, desaparecerán rápidamente.
Ten en cuenta que es posible que pase un tiempo antes de que se interesen, quizá necesiten ir simplemente de visita y ver una pequeña calabaza para un tiempo después volver y verla grande y jugosa, lista para recolectar, o ayudar solo a recoger algo de cosecha… para ir despertando poco a poco su interés. Obligarles no conduce a nada más que a matar su interés del todo, tanto en este caso como en cualquier otra actividad.
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